Riego eficiente en palma de aceite: fundamentos agronómicos para una producción sostenible.
Edwin Yobany Valbuena Tellez | Ingeniero Agrónomo Netafim CECA.
La palmicultura colombiana se ha consolidado como uno de los sectores más dinámicos del agro nacional, destacándose no solo por su desempeño productivo, sino también por su avance en la adopción de prácticas sostenibles. Según Fedepalma, en 2025 el país alcanzó una producción récord de 1,93 millones de toneladas de aceite de palma, impulsada por mayores rendimientos, avances tecnológicos y la expansión del cultivo en regiones clave como Meta, Santander y Norte de Santander.
Este crecimiento productivo se da en un contexto de crecientes desafíos para la agricultura, especialmente en relación con la disponibilidad y el manejo eficiente del agua. El cambio y la variabilidad climática han intensificado los periodos de déficit hídrico, particularmente en las zonas palmeras Norte, Oriental y algunas áreas de la Zona Central, afectando la estabilidad productiva del cultivo. En este escenario, la adopción de sistemas de riego eficientes se convierte en una herramienta clave para optimizar el uso del agua, suplir oportunamente los requerimientos hídricos de la palma de aceite y garantizar la sostenibilidad del sector en el largo plazo.
¿Cuánta agua necesita una palma de aceite?
En palma de aceite, el impacto del déficit hídrico no se limita a una reducción inmediata del crecimiento vegetativo, sino que afecta procesos fisiológicos críticos que determinan la producción futura del cultivo. La insuficiente disponibilidad de agua, particularmente cuando las aplicaciones se sitúan por debajo de los requerimientos diarios en cada etapa de desarrollo, induce el cierre estomático y la disminución de la tasa fotosintética, limitando la disponibilidad de carbohidratos para órganos en formación.
Este desbalance fisiológico afecta directamente la diferenciación sexual de las inflorescencias, proceso que ocurre entre 21 y 33 meses antes de la cosecha, incrementando la proporción de inflorescencias masculinas. De igual manera, el estrés hídrico favorece el aborto de inflorescencias femeninas entre 8 y 10 meses antes de la cosecha y, en condiciones de sequía severa, conduce al malogro del racimo durante la etapa de llenado del fruto, reduciendo su peso final y el contenido de aceite. Estos efectos explican por qué déficits de agua actuales se traducen en pérdidas productivas significativas meses o incluso años después.
Más allá del requerimiento hídrico anual, la demanda de agua de la palma varía en función de la etapa fenológica, lo cual resulta determinante para el diseño e implementación de sistemas de riego eficientes. En fases de alta demanda productiva, las palmas adultas requieren entre 120 y 360 litros de agua por palma por día, equivalentes aproximadamente a 1,7 hasta más de 5 mm/día. Aplicaciones por debajo de estos rangos generan reducciones en la emisión foliar, el índice de área foliar y la biomasa, además de favorecer la acumulación de hojas no funcionales, comprometiendo la productividad y la estabilidad del sistema en el largo plazo.
Demanda Hídrica y Coeficiente de Cultivo (Kc)
Coeficiente de Cultivo (Kc) Máximo = De 1 a 1.2 (Etapa de Producción)
Ejemplo:
360 litros x palma x dia, en arreglo de 9 x 9 m
360 litros / palma / dia x 143 palmas / Ha = 51,480 litros / Ha / día ⁓ 5.14 mm/día
Cálculos de Riego
ETc = ETo x Kc / Factor Efr
- Goteo auto compensado: 0.95
- Aspersión: 0.75
- Microaspersión no compensada: 0.80
- Microaspersión auto compensada: 0.8
En donde:
- ETc= Requerimiento del cultivo (mm) Evapotranspiración del cultivo
- ETo= Evapotranspiración de referencia
- Kc= Factor o Coeficiente de cultivo
- Efr= Eficiencia del sistema de riego
Calidad del agua: fertilización, sales y riesgos invisibles
En los sistemas de riego y fertirriego en palma de aceite, la calidad del agua es un factor crítico que condiciona tanto la eficiencia del sistema de riego como la sostenibilidad del suelo y la productividad del cultivo. A diferencia del riego por superficie, los sistemas presurizados —aspersión y, en mayor medida, goteo— son más exigentes, ya que el agua actúa no solo como fuente hídrica, sino también como vehículo de fertilizantes y productos químicos, lo que incrementa la probabilidad de interacciones no deseadas cuando su composición no es adecuadamente controlada.
El fertirriego requiere el uso de fertilizantes solubles y compatibles con la calidad química del agua. Aguas con altos contenidos de calcio, magnesio, bicarbonatos o carbonatos favorecen reacciones con fertilizantes fosfatados y nitrogenados, dando origen a precipitados insolubles. Estas reacciones reducen la eficiencia en la absorción de nutrientes y pueden generar fallas operativas en los sistemas presurizados.
La presencia de precipitados minerales, sólidos en suspensión y elementos como hierro y manganeso constituye una de las principales causas de taponamiento de emisores, especialmente en sistemas de goteo de alta eficiencia. Este tipo de problemas afecta la uniformidad en la aplicación del agua y los nutrientes, generando estrés hídrico y nutricional localizado, incluso cuando la lámina total aplicada es adecuada.
Desde el punto de vista agronómico, la conductividad eléctrica (CE) es el principal indicador de la salinidad del agua. En palma de aceite, valores superiores a 1,5–2,0 dS/m incrementan el riesgo de estrés osmótico, limitando la absorción de agua por las raíces. De forma complementaria, concentraciones elevadas de sodio (Na⁺) y cloruros (Cl⁻) deterioran la estructura del suelo, reducen la infiltración y pueden provocar toxicidad foliar, particularmente en riego por aspersión.
El uso continuo de agua con alta salinidad o sodicidad, combinado con riegos frecuentes y una escasa lixiviación, favorece la acumulación progresiva de sales en la zona radicular, incrementando el potencial osmótico del suelo y restringiendo la disponibilidad de agua para la palma. En regiones con marcada estacionalidad climática, como la Zona Norte y Oriental, este proceso puede comprometer el desarrollo radicular y la productividad del cultivo en el largo plazo.

Fertilización
Una de las actividades más representativas que se realizan en el cultivo de la Palma de aceite en el costo de producción para obtener los rendimientos esperados en TRFF es la Nutrición. El suministro al cultivo del fertilizante constituye entre el 30 al 35% del costo total de producción.
La concentración de cada nutriente en el suelo, así como en el raquis de la hoja y en los foliolos, es dinámica y presenta variaciones en función de diversos factores, entre ellos la región, el manejo agronómico de la plantación, el lote o sector, el material genético, la edad del cultivo, el nivel de productividad y la etapa del ciclo productivo. La aplicación de diferentes prácticas será de utilidad para determinar el momento para realizar la aplicación, para determinar la dosis y fuentes de fertilizante a utilizar, así como la frecuencia para hacer las aplicaciones en el cultivo para su correcta fertilización.
Para que la Palma de aceite pueda mantener altas productividades y hacer un uso adecuado del recurso suelo, es necesario mantener el equilibrio entre los nutrientes que la planta absorbe y las reservas de este. Los elementos principalmente manejados dentro del programa de fertilización son: N, P, K, Mg, B, Ca y Si.
Extracción promedio de nutrientes por tonelada de RFF en Elaeis guineensis frente a Híbridos OxG.

Extracción promedio por TRFF Híbridos OxG
N: 3.38 kg, P: 0.46 Kg, K: 3.7 kg, Ca: 0.55 kg, Mg: 0.68 kg, Cl: 0.91 kg, S: 0.67 kg.
Boro: 3.21 gr, Fe: 37.7 gr, Cu: 6.1 gr, Mn: 14 gr, Zn: 4.97 gr.
(Cenipalma Arias et al 2023).
Recomendaciones técnicas para evitar estos riesgos
Para reducir los impactos negativos asociados a la calidad del agua y garantizar un uso eficiente del riego y el fertirriego en palma de aceite, se recomienda:
- Monitoreo y análisis periódico del agua: Realizar análisis fisicoquímicos del agua al menos una vez al año, y con mayor frecuencia cuando se presenten cambios en la fuente, considerando CE, pH, sodio, cloruros, dureza y sólidos en suspensión.
- Compatibilidad química en fertirriego: Diseñar los programas de fertilización teniendo en cuenta la composición del agua, evitando mezclas incompatibles y privilegiando fertilizantes de alta solubilidad, especialmente en sistemas de goteo.
- Filtración y mantenimiento preventivo: Implementar sistemas de filtrado adecuados al tipo de agua y realizar mantenimientos preventivos que incluyan lavados de líneas y emisores, reduciendo el riesgo de taponamientos.
- Manejo de salinidad y lixiviación: Ajustar la programación del riego para permitir una lixiviación controlada de sales en suelos con riesgo de salinización, considerando la textura del suelo y la eficiencia del sistema de riego.
- Selección adecuada del sistema de riego: En aguas con salinidad moderada, priorizar sistemas localizados que reduzcan el contacto con el follaje y permitan un mejor control de la distribución del agua y los nutrientes.
En el contexto de la adopción del uso eficiente del agua mediante riego, la calidad del agua debe ser considerada un componente estratégico del manejo agronómico. No basta con aplicar la lámina correcta: es indispensable monitorear, analizar y manejar químicamente el agua, garantizando la compatibilidad con fertilizantes, la protección del sistema de riego y la sostenibilidad del suelo y del cultivo de palma de aceite en el largo plazo.
Obturaciones químicas por hierro y manganeso en el agua de riego
El hierro (Fe) y el manganeso (Mn) son elementos naturales presentes en el subsuelo y pueden encontrarse disueltos en el agua de riego, especialmente en fuentes subterráneas. Bajo condiciones de bajo oxígeno disuelto y pH ácido, comunes en acuíferos, estos elementos se solubilizan en sus formas reducidas: hierro ferroso (Fe²⁺) y manganeso (Mn²⁺).
Cuando el agua ingresa a un sistema de riego presurizado y entra en contacto con el oxígeno, el Fe y el Mn se oxidan y precipitan como óxidos e hidróxidos insolubles. Estos precipitados se depositan en filtros, tuberías y emisores, generando obturaciones químicas, disminución del caudal y pérdida de uniformidad de aplicación, un riesgo especialmente crítico en sistemas de riego por goteo.
La problemática se agrava cuando no se realizan tratamientos adecuados, ya que los óxidos insolubles de Fe y Mn pueden acumularse en el interior de las conducciones. Las partículas de mayor tamaño tienen capacidad de obstrucción directa, mientras que las más finas pueden aglutinarse por acción de bacterias del hierro, carbonatos u otros compuestos, formando depósitos con alto potencial de taponamiento. Además, estas bacterias generan recubrimientos viscosos en las paredes internas de las tuberías, aumentando la rugosidad interna y reduciendo la sección útil de paso del agua.
Estas condiciones incrementan la frecuencia e intensidad de las labores de mantenimiento, elevando los costos de energía, mano de obra y productos químicos, además de comprometer la eficiencia operativa del sistema de riego.
Límites recomendados de hierro y manganeso en agua para riego por goteo
Riesgo de taponamiento en riego por goteo según la concentración de hierro (Fe) en el agua
| Concentración de Fe (mg/L) | Riesgo en riego por goteo |
| < 0,1 mg/L | Sin riesgo |
| 0,1 - 0,5 mg/L | riesgo bajo o moderado |
| 0,5 - 1,5 mg/L | riesgo alto de taponamiento |
| > 1,5 mg/L | riego severo |
| > 1,5 mg/L | (no recomendado sin tratamiento) |
Riesgo de taponamiento en riego por goteo según la concentración de manganeso (Mn) en el agua
| Concentración de Mn (mg/L) | Riesgo en riego por goteo |
| < 0,05 mg / L | Sin riesgo |
| 0,05 - 0,2 mg/L | riesgo bajo |
| 0,02 - 0,5 mg/L | riesgo moderado |
| > 0,5 mg/L | riesgo alto de taponamiento |
| > 0,5 mg/L | riesgo de alto taponamiento |
Estos rangos permiten evaluar el potencial de obturación y definir la necesidad de tratamientos específicos antes de operar el sistema.
Tratamiento y prevención de obturaciones por Fe y Mn
La prevención de este tipo de obturaciones se basa en reducir la concentración de hierro y manganeso antes de que el agua ingrese al sistema. Los tratamientos más empleados son:
• Oxidación por medios mecánicos: consiste en la oxigenación del agua proveniente del pozo mediante vertido en cascada o proyección hacia un embalse. Esta práctica favorece la oxidación y precipitación del Fe y Mn, permitiendo su sedimentación o su retención posterior en el sistema de filtración.
• Oxidación mediante productos químicos: cuando no es posible la oxigenación mecánica, se emplean agentes oxidantes como el hipoclorito de sodio, que provocan la oxidación y precipitación del hierro. La dosis debe definirse a partir de un análisis de agua y se calcula según la relación:
ppm de cloro = 0,65 × ppm de hierro en el agua
La inyección del oxidante debe realizarse aguas arriba del sistema de filtración, para permitir la retención de los precipitados generados.
Como práctica complementaria, el uso de tratamientos ácidos permite disminuir el potencial de obturación sin eliminar directamente el Fe y Mn del agua. La reducción del pH aumenta la solubilidad de estos elementos, disolviendo sedimentos formados y manteniéndolos en solución, evitando su precipitación dentro del sistema de riego.
Finalmente, el empleo de emisores de alta calidad es un componente clave del manejo preventivo. No todos los emisores responden de igual manera frente a aguas con presencia de Fe y Mn; emisores diseñados para condiciones exigentes permiten mantener la uniformidad de aplicación y prolongar la vida útil del sistema, reduciendo el impacto de estas obturaciones en el riego tecnificado.
El manejo eficiente del riego y el fertirriego en palma de aceite comienza por comprender la demanda hídrica real del cultivo, la calidad del agua disponible y el equilibrio nutricional requerido para sostener altas productividades. Calcular correctamente la lámina de riego, evaluar los riesgos asociados a la salinidad, la sodicidad y los elementos potencialmente obturantes como hierro y manganeso, constituye la base técnica para evitar pérdidas productivas y operativas en el sistema.
Sin embargo, convertir este conocimiento agronómico en decisiones oportunas y consistentes en campo exige ir un paso más allá: integrar monitoreo, automatización y herramientas digitales que permitan regar cuando la palma lo necesita y en la cantidad precisa.
